Díaz-Canel deja al descubierto quién manda de verdad en Cuba: Raúl Castro sigue al frente

26 DE MARZO DE 2026
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En la entrevista difundida por medios oficiales el 25 de marzo de 2026, Miguel Díaz-Canel admitió que las conversaciones iniciales con Estados Unidos se desarrollan con la participación de Raúl Castro, a quien presentó como pieza central dentro del proceso.

La afirmación no pasó inadvertida. Lejos de proyectar la imagen de un presidente con autonomía plena, Díaz-Canel dejó claro que las decisiones estratégicas más delicadas no descansan exclusivamente en sus manos, sino que siguen pasando por la supervisión del viejo núcleo de poder encabezado por Raúl Castro.

Una admisión que desmonta el relato del relevo político

Durante años, la propaganda oficial ha intentado presentar a Díaz-Canel como símbolo de una nueva etapa en Cuba, distinta de la era de los Castro. Sin embargo, sus propias palabras ante Pablo Iglesias apuntan en sentido contrario.

Cuando afirma que el diálogo con Washington es un proceso “colegiado” y que está bajo la orientación de Raúl Castro, lo que hace en la práctica es confirmar que el mando real sigue vinculado a quien por décadas controló el aparato político, militar y partidista del país.

Más allá de los cargos formales, la entrevista vuelve a poner sobre la mesa una realidad que muchos cubanos dan por sentada desde hace tiempo: en Cuba no ha existido una verdadera transición de poder, sino una continuidad controlada desde la misma cúpula.

Raúl Castro, presentado otra vez como la figura decisiva

En la conversación, Díaz-Canel definió a Raúl Castro, de 94 años, como el “líder histórico de la revolución” y aseguró que su prestigio es “indiscutible”. La frase, lejos de ser protocolar, tiene un peso político evidente.

No se trata solamente de un reconocimiento simbólico. Al asociarlo directamente con la conducción del diálogo con Estados Unidos, Díaz-Canel lo ubica como actor activo y determinante en una de las cuestiones más sensibles para el régimen cubano: la relación con Washington.

Ese detalle resulta especialmente revelador porque confirma que, incluso en temas de política exterior y supervivencia del sistema, la última palabra sigue saliendo del mismo círculo de poder que ha gobernado la isla durante más de seis décadas.

Las conversaciones con Estados Unidos siguen en fase exploratoria

Según explicó el gobernante cubano, los contactos con funcionarios estadounidenses se encuentran aún en una etapa inicial. Díaz-Canel aseguró que primero hay que “construir el canal de diálogo” antes de avanzar hacia una agenda común.

También señaló que ya se han producido contactos recientes con el Departamento de Estado. Sin embargo, subrayó que todavía no existen acuerdos concretos.

Aunque el régimen intenta presentar este proceso como un paso diplomático ordenado, lo más llamativo de sus declaraciones no fue el estado de las conversaciones, sino quién aparece como conductor político de ese acercamiento: nuevamente, Raúl Castro.

El régimen insiste en mostrar unidad interna

Otro de los puntos abordados por Díaz-Canel fue el rechazo a supuestas divisiones dentro del poder cubano. Según dijo, la dirección revolucionaria actúa de forma unificada y las decisiones se toman de manera coordinada entre el Partido Comunista, el gobierno, el Estado y Raúl Castro.

Pero esa insistencia en la unidad también refuerza otra lectura: el sistema cubano continúa funcionando como una estructura cerrada, donde las decisiones más importantes permanecen concentradas en el mismo núcleo histórico, sin transparencia ni renovación real.

En otras palabras, la entrevista no proyecta la imagen de un país con instituciones independientes o liderazgo renovado, sino la de un modelo donde el poder sigue orbitando alrededor de la misma familia política.

La entrevista con Pablo Iglesias deja más preguntas que respuestas

La conversación con Pablo Iglesias ocurrió además en medio de la visita a Cuba de una delegación de 600 activistas de 33 países, presentada como una misión de ayuda humanitaria, mientras la isla atraviesa una grave crisis energética y económica.

En ese contexto, las declaraciones de Díaz-Canel adquieren un peso aún mayor. Mientras millones de cubanos enfrentan apagones, escasez y deterioro de sus condiciones de vida, el propio gobernante reconoce que los asuntos cruciales del país siguen bajo la sombra de Raúl Castro.

La conclusión que deja la entrevista es difícil de ignorar: más allá de los discursos sobre continuidad revolucionaria o relevo generacional, quien aparece una vez más como referente decisivo del poder en Cuba no es Díaz-Canel, sino la estructura encabezada históricamente por la familia Castro.

Lo que Díaz-Canel terminó confesando sin querer

Quizás sin proponérselo, Miguel Díaz-Canel terminó revelando de su propia boca lo que durante años el régimen ha tratado de maquillar: que en Cuba el poder real nunca salió del círculo de los Castro.

Su admisión sobre el papel de Raúl Castro en las negociaciones con Estados Unidos no solo echa por tierra la narrativa de autonomía presidencial, sino que reafirma una percepción extendida dentro y fuera de la isla: el castrismo no terminó, solo cambió de rostro ante las cámaras.