El Convoy Nuestra América: convoy solidario o payasada victimista.

21 DE MARZO DE 2026
Featured

Un acto político en medio de la miseria real

El encuentro de Díaz-Canel con los asistentes del convoy ocurrió mientras el país atraviesa una crisis severa: falta de electricidad, deterioro del transporte, escasez de agua, desabastecimiento y colapso sanitario. Según AP, a Cuba llegaron unos 650 delegados de 33 países y 120 organizaciones, con alrededor de 20 toneladas de ayuda, en un evento que el régimen presentó como símbolo de solidaridad internacional.

Pero el contraste resulta evidente: mientras el gobierno explota políticamente esa ayuda, los invitados participan en actos oficiales y recepciones en instalaciones de alto nivel, en un país donde la mayoría de la población sobrevive en condiciones de precariedad. Más que aliviar la crisis, el evento sirve para reforzar la vieja narrativa victimista del poder.

El problema no es aislamiento total: Cuba comercia con muchos países

El discurso oficial insiste en vender la idea de una isla completamente cercada, pero las cifras muestran otra realidad. Los datos más recientes del World Bank/WITS, basados en UN Comtrade, indican que Cuba cuenta con 88 socios de exportación y 138 socios de importación. Además, en 2024 sus principales destinos de exportación incluyeron China, España, Alemania, Macao y Suiza.

Eso no significa negar el impacto de las sanciones estadounidenses, pero sí desmonta la tesis de que Cuba esté aislada del mundo o impedida de comerciar. No lo está. Comercia con Asia, Europa, América Latina y otros mercados. El problema central no es la inexistencia de socios comerciales, sino el fracaso del modelo económico interno y la forma en que el régimen administra —o desperdicia— los recursos que sí recibe.

Incluso EE.UU. sigue vendiendo productos a Cuba

Otro dato que golpea de frente la propaganda oficial: Estados Unidos exportó a Cuba 585,2 millones de dólares en bienes durante 2024, según la Oficina del Censo estadounidense. Es decir, el mismo régimen que habla de “asfixia total” mantiene importaciones desde el país al que acusa de ser el único responsable de la catástrofe nacional.

Por eso, reducir la tragedia cubana al “bloqueo” es una simplificación interesada. El régimen usa esa retórica para encubrir su propia responsabilidad en décadas de improductividad, centralización, persecución al sector privado y destrucción de la capacidad nacional de generar riqueza.

Mientras el pueblo pasa hambre, el régimen siguió invirtiendo en hoteles

Las cifras oficiales cubanas también muestran prioridades reveladoras. La ONEI reportó que en 2024 la inversión en hoteles y restaurantes ascendió a 11.918,3 millones de pesos. En reportes parciales del propio organismo ya se veía cómo ese sector absorbía montos muy superiores a áreas golpeadas por la crisis social.

En otras palabras, mientras el gobierno organizaba ceremonias para denunciar el “bloqueo”, seguía destinando miles de millones a infraestructura turística y negocios vinculados al aparato estatal, en vez de concentrar recursos en electricidad, transporte, medicamentos, producción de alimentos o recuperación hospitalaria. Esa es una decisión política interna, no una imposición externa.

Un libreto agotado

Díaz-Canel volvió a prometer que darán la vida por la “Revolución”, pero evita hablar de los presos políticos, de la represión, de los menores encarcelados por protestar y del divorcio total entre la élite gobernante y la realidad cotidiana de los cubanos. Mientras el poder monta un espectáculo de solidaridad internacional, el país real sigue hundido.

El problema de Cuba no puede explicarse sólo con consignas sobre el “bloqueo”. Los datos muestran que la isla comercia con decenas de países, recibe bienes del exterior e incluso mantiene intercambios con Estados Unidos. Lo que no ha tenido el pueblo cubano es un gobierno dispuesto a poner esos recursos al servicio de la nación en lugar de usarlos para propaganda, control político y privilegios de la cúpula.