La activista cubana Ruhama Fernández, exiliada y exprisionera política, lanzó una dura crítica contra la congresista demócrata Ilhan Omar tras la difusión de un mensaje en el que la legisladora elogió el viaje de su hija a Cuba junto a una caravana internacional de ayuda.
La reacción de Fernández puso sobre la mesa una denuncia que muchos opositores cubanos repiten desde hace años: la ayuda enviada a la Isla bajo el visto bueno del régimen no siempre termina en manos del ciudadano común, mientras el aparato oficial utiliza estas iniciativas para proyectar una imagen de solidaridad y legitimidad internacional.
Ruhama Fernández responde con dureza
En una publicación en la red social X, Fernández cuestionó directamente a Omar y a su hija por lo que considera un respaldo indirecto a la dictadura cubana.
La activista reprochó que se presente como ayuda humanitaria una misión que, según denunció, termina favoreciendo al mismo sistema que ha reprimido a miles de cubanos. Su mensaje tuvo amplia resonancia entre usuarios y activistas del exilio, sobre todo por venir de una mujer que ha denunciado hostigamiento estatal, vigilancia y represión dentro de Cuba.
El mensaje de Ilhan Omar que desató la polémica
La controversia estalló después de que Ilhan Omar alabara públicamente el viaje de su hija Isra Hirsi a Cuba como parte del llamado Convoy Nuestra América, una iniciativa impulsada por sectores de la izquierda internacional.
Omar aseguró sentirse orgullosa de quienes participaron en la misión y defendió que llevaron ayuda para mostrar solidaridad con el pueblo cubano. También elogió el historial internacional del régimen castrista en materia médica, una narrativa que durante años ha sido usada por La Habana para reforzar su imagen exterior.
Pero ese discurso chocó de frente con la visión de activistas cubanos, que sostienen que cualquier gesto de apoyo al régimen, aunque se vista de ayuda humanitaria, termina ignorando la falta de libertades, la persecución política y el control absoluto que ejerce el Estado sobre la vida en la Isla.
Convoy a Cuba: ayuda, propaganda y cuestionamientos
El Convoy Nuestra América reunió a centenares de delegados internacionales y transportó toneladas de insumos, entre ellos alimentos, medicamentos, artículos de higiene y paneles solares. Sin embargo, la iniciativa no estuvo exenta de críticas.
Diversos opositores y voces del exilio denunciaron que este tipo de misiones suelen evitar el punto central de la crisis cubana: el problema no es solo la escasez, sino el sistema político que la sostiene. Para estos sectores, enviar ayuda sin denunciar al régimen equivale a reforzar una estructura que reprime derechos y controla la distribución de recursos.
La polémica creció aún más por la participación o cercanía de figuras vinculadas a espacios políticos de izquierda y por la presencia en la estructura de la Internacional Progresista de nombres cercanos al poder cubano, como Mariela Castro Espín, hija de Raúl Castro.
El reclamo del exilio cubano
La crítica de Ruhama Fernández no fue un caso aislado. En redes sociales, otros activistas y cubanos en el exilio insistieron en el doble rasero del régimen: mientras abre sus puertas a delegaciones extranjeras afines, mantiene restricciones, vigilancia y castigo contra ciudadanos críticos, opositores y desterrados de hecho.
Esa contradicción ha sido una de las claves del rechazo a la caravana. Para muchos cubanos fuera de la Isla, el problema no está en la palabra “solidaridad”, sino en con quién se practica esa solidaridad y bajo qué condiciones se legitima.
Una polémica que vuelve a dividir el debate sobre Cuba
El episodio reavivó una vieja fractura en la conversación internacional sobre Cuba. De un lado, quienes insisten en enviar apoyo material sin confrontar directamente al poder. Del otro, quienes sostienen que no puede hablarse de ayuda real mientras se ignore que en Cuba existe un sistema que reprime, censura y administra la miseria.
La respuesta de Ruhama Fernández se volvió especialmente potente por su historia personal. No habló desde la teoría ni desde el activismo distante, sino desde la experiencia de haber sufrido en carne propia el costo de enfrentarse al régimen.