Un profesor crítico y una decisión que genera controversia.
Abel Tablada de la Torre, arquitecto y profesor de la CUJAE, se convirtió recientemente en el centro de un debate nacional tras conocerse su expulsión de la universidad. Según reportes de activistas y publicaciones en redes sociales, la decisión se produjo después de que el académico compartiera varios textos críticos en su cuenta de Facebook sobre la situación del país y la realidad del sistema universitario.
Entre sus publicaciones más comentadas se encuentra un análisis sobre los fondos de Etecsa para 2025, así como un texto titulado “La universidad y la resiliencia”, en el que describía las difíciles condiciones en que trabajan profesores y estudiantes en Cuba. En ese escrito, Tablada mencionó problemas como los frecuentes apagones, salarios que rondan entre 10 y 15 dólares mensuales para muchos docentes, la escasez de materiales y una disminución en el nivel de preparación académica de los estudiantes.
Poco después, el profesor se despidió de sus alumnos y dejó entrever que sus opiniones no habían sido bien recibidas por las autoridades universitarias.
Defensa y apoyo al profesor.
La reacción de los estudiantes no se hizo esperar. Un grupo de alumnos de la Facultad de Arquitectura envió una carta al rector de la CUJAE en la que expresaron su desacuerdo con la decisión de expulsar al profesor.
En el documento, los estudiantes calificaron la medida como desproporcionada y contradictoria con el espíritu que debería caracterizar a una institución académica, señalando que las opiniones del profesor no afectaron su desempeño docente ni su conducta profesional.
El apoyo también se trasladó a las redes sociales, donde comenzó a circular el hashtag #ArquitecturaConTablada, acompañado de mensajes de respaldo de estudiantes, exalumnos y activistas.
El caso tomó aún mayor relevancia cuando Carolina de la Torre, madre del profesor y reconocida psicóloga, investigadora y documentalista cubana, expresó públicamente su apoyo a su hijo.
En una publicación en Facebook afirmó sentirse orgullosa de él y de quienes lo han respaldado, destacando su valentía y sus principios éticos. Este respaldo añadió un peso simbólico importante al debate, ya que proviene de una figura respetada dentro del ámbito académico cubano.
Un caso que abre nuevas preguntas
Aunque Abel Tablada evitó confirmar oficialmente su expulsión, declaró por vía telefónica al periodista Mario J. Pentón que el caso está siendo “atendido internamente”. También trascendió que el profesor ofreció continuar impartiendo clases sin recibir salario, una propuesta que fue finalmente rechazada por la universidad.
El caso ha generado aún más discusión debido a un elemento adicional: el vínculo familiar con Johana Tablada, diplomática del Ministerio de Relaciones Exteriores y segunda jefa de la embajada de Cuba en México.
Este contexto ha convertido el episodio en un símbolo de las tensiones existentes entre el pensamiento crítico y las estructuras institucionales dentro del sistema universitario cubano.
La libertad académica como base de una universidad real.
Más allá del caso particular de Abel Tablada, el episodio plantea un debate mucho más profundo sobre el papel que deben desempeñar las universidades en una sociedad.
Históricamente, las universidades han sido espacios donde las ideas se discuten, se cuestionan y se analizan con libertad. El pensamiento crítico no debería ser visto como una amenaza, sino como una herramienta fundamental para el desarrollo intelectual y social.
Cuando un profesor enfrenta consecuencias por expresar opiniones sobre la realidad que vive su propio país o su propia institución, se corre el riesgo de limitar precisamente aquello que las universidades deberían fomentar: el debate, la reflexión y la búsqueda de soluciones.
La libertad de expresión dentro de los espacios universitarios no es solo un derecho individual de los docentes o estudiantes. Es también una condición esencial para que el conocimiento avance y para que las universidades cumplan su función como centros de pensamiento, análisis y construcción de futuro.
Por ello, casos como el de Abel Tablada no solo afectan a una persona o a una facultad específica. También reabren una discusión más amplia sobre cuánto espacio existe realmente para la crítica y el debate dentro de las universidades cubanas.