El régimen cubano volvió a apelar al discurso de la amenaza externa para reforzar su narrativa de confrontación con Estados Unidos. En esta ocasión, Carlos Fernández de Cossío, viceministro de Relaciones Exteriores, declaró que las fuerzas armadas de la isla se encuentran preparándose ante la posibilidad de una supuesta agresión militar estadounidense.
Durante una entrevista concedida al programa Meet the Press de NBC News, el funcionario aseguró que las fuerzas armadas cubanas “siempre están preparadas” y que actualmente también se alistan frente a ese eventual escenario, aunque admitió que considera poco probable un enfrentamiento directo.
La Habana insiste en la narrativa de la amenaza
Fernández de Cossío afirmó que sería “ingenuo” no prepararse, especialmente en medio de las tensiones políticas crecientes entre La Habana y Washington. Sus palabras se producen tras recientes declaraciones del presidente Donald Trump y del secretario de Estado Marco Rubio, ambos partidarios de una línea más dura frente al régimen cubano.
Con este mensaje, el castrismo vuelve a recurrir a una fórmula conocida: presentar a Estados Unidos como un peligro inminente para justificar su postura defensiva y tratar de cohesionar políticamente a sus estructuras de poder.
El sistema no se negocia
El funcionario también dejó claro que el régimen no contempla discutir cambios políticos en la isla. Según dijo, “el sistema político cubano no es negociable”, ni con Estados Unidos ni con ningún otro país.
La frase reafirma la posición cerrada de la cúpula gobernante, que sigue negándose a abrir espacios para reformas democráticas, incluso en medio de una crisis marcada por la escasez, los apagones, la represión y el creciente malestar social.
Un discurso que reaparece en medio del colapso interno
Mientras el país atraviesa una de sus peores etapas en décadas, con miles de cubanos sobreviviendo entre carencias, falta de servicios básicos y éxodo masivo, el régimen vuelve a desempolvar el argumento de la agresión externa.
Más que una señal de peligro inmediato, las declaraciones parecen encajar en la estrategia oficial de desviar la atención de la crisis nacional y reforzar el control político interno. Una vez más, el poder en Cuba deja claro que su prioridad no es cambiar, sino preservarse.