Joven cubanoamericano viajo a Cuba para salvar a su abuela del hospital en Santa Clara

21 DE MARZO DE 2026
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La historia de Luis Ernesto retrata el colapso de la salud en Cuba

Lo que comenzó como un viaje urgente para acompañar a su abuela en una operación terminó convirtiéndose en una denuncia directa del colapso hospitalario en Cuba. Luis Ernesto, un joven residente en Miami, viajó a Santa Clara tras recibir la noticia de que su abuela debía ser operada. Pero al llegar al Hospital Arnaldo Milián Castro se encontró con una escena alarmante: orina en el piso, áreas oxidadas, suciedad, falta de recursos y apagones que ponían en peligro a los pacientes.

Lejos de quedarse de brazos cruzados, decidió actuar. Llevó insumos médicos desde Estados Unidos, pagó 100 dólares para que limpiaran la sala donde estaba su abuela y, ante el caos del lugar, incluso se vistió de enfermero para ayudar al personal a atenderla.

Apagones, muertes y abandono

Uno de los momentos más duros que vivió fue durante los cortes eléctricos. Según relató, presenció la muerte de varios pacientes en medio de los apagones, entre ellos un joven de 21 años que falleció tras sufrir una infección en medio de horas sin electricidad. En un hospital donde ni siquiera había condiciones mínimas de higiene, cada apagón agravaba aún más la desesperación de enfermos y familiares.

Luis Ernesto no solo se ocupó de su abuela. También compró comida, repartió yogur entre pacientes y dulces a niños ingresados, intentando llevar algo de humanidad a un lugar marcado por el abandono.

Una operación exitosa en medio del desastre

La cirugía finalmente salió bien, pero hasta el traslado fue una odisea. Ante la falta de medios dentro del propio sistema, el joven tuvo que cargar a su abuela en brazos para moverla de un lugar a otro. Ya de regreso en Miami, recibió la noticia que tanto esperaba: le dieron el alta.

Su historia deja algo claro: en la Cuba de hoy, muchas veces no basta con llegar al hospital. Hay que llevar los insumos, garantizar la limpieza, enfrentar los apagones y hasta convertirse en cuidador. Más que una anécdota familiar, lo vivido por este joven es un reflejo brutal del deterioro del sistema de salud cubano.