La Habana no aguanta más: seis noches de protestas por apagones y escasez

12 DE MARZO DE 2026
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La crisis energética en Cuba sigue elevando la tensión social, y La Habana ha vivido ya seis noches consecutivas de cacerolazos y protestas pacíficas en distintos municipios, en una señal cada vez más clara del agotamiento ciudadano frente a los apagones prolongados, las altas temperaturas, la falta de agua y el deterioro general de las condiciones de vida.

Durante las últimas jornadas se han reportado manifestaciones en zonas como Cerro, Marianao, Lawton, El Vedado, Playa, San Miguel del Padrón, Habana del Este y Regla, Miramar, donde vecinos han salido a las calles o han golpeado calderos y utensilios desde balcones y portales para exigir el restablecimiento del servicio eléctrico. En varios de esos puntos también se han escuchado gritos de “libertad” y reclamos directos por la falta de corriente.

Uno de los focos más visibles de esta ola de inconformidad ha sido Marianao, donde residentes de barrios como Santa Felicia, Zamora y el reparto Lido protagonizaron cacerolazos prolongados. Según reportes difundidos por medios independientes, en algunos casos los vecinos permanecieron cerca de una hora protestando hasta que regresó la electricidad, mientras la presencia policial aumentaba en la zona y se intentaba contener a los manifestantes.

También en Lawton, en el municipio Diez de Octubre, y en áreas de Playa y El Vedado, se han difundido videos y testimonios de nuevas protestas nocturnas. El patrón se repite: barrios enteros a oscuras durante horas, familias sin posibilidad de conservar alimentos, falta de agua y un calor asfixiante que vuelve aún más insoportable la vida cotidiana.

En Regla, vecinos denunciaron cortes eléctricos desde la mañana hasta casi la medianoche, mientras en San Miguel del Padrón y Habana del Este también se reportaron acciones similares. La dimensión geográfica de estas protestas sugiere que el malestar ya no está concentrado en un solo barrio ni en una sola causa puntual, sino que responde a una acumulación de frustraciones que se ha ido expandiendo por la capital.

De acuerdo con el periodista José Raúl Gallego, las manifestaciones han ido creciendo en intensidad y participación, hasta consolidarse como una cadena de protestas consecutivas en distintos puntos de La Habana. Varios reportes coinciden en que, pese al temor a las represalias, cada vez más personas están perdiendo el miedo a expresar públicamente su descontento.

La respuesta oficial, mientras tanto, ha estado marcada más por la vigilancia, la presión policial y algunas detenciones que por una explicación política de fondo. Martí Noticias reportó que al menos dos personas fueron detenidas en medio de las protestas del 11 de marzo y trasladadas a Villa Marista, mientras en otras zonas hubo intentos de dispersar a los manifestantes o impedir que las concentraciones crecieran.

Este nuevo ciclo de protestas ocurre en medio de una crisis energética severa que ha golpeado con especial fuerza a la isla en las últimas semanas. Reuters reportó el 4 de marzo un apagón masivo que dejó sin electricidad a gran parte del país tras la salida de servicio de la termoeléctrica Antonio Guiteras, una de las plantas clave del sistema, en un contexto de falta de combustible, averías técnicas y escasa capacidad de respuesta.

La raíz del problema va mucho más allá de una sola avería. Diversos reportes apuntan a una combinación de centrales termoeléctricas obsoletas, escasez de crudo, restricciones financieras y caída de los suministros externos, especialmente desde Venezuela. Reuters también señaló que las nuevas presiones sobre los envíos de petróleo han agravado una situación ya crítica y obligado al régimen a racionar aún más los servicios básicos.

A esto se suma la advertencia del experto energético Jorge Piñón, quien alertó recientemente que, si Cuba no logra asegurar nuevos suministros de combustible, el país podría entrar en una fase todavía más grave durante marzo. En entrevistas recientes, Piñón ha descrito el momento actual como cercano a una “hora cero” energética, marcada por el agotamiento de reservas y la imposibilidad de sostener el sistema con la infraestructura actual.

El descontento, además, ya no se limita a La Habana. Medios independientes han recogido protestas y cacerolazos en otras provincias, mientras Reuters recordó esta semana que Cuba atraviesa una etapa de fuerte tensión social por los cortes de electricidad, la escasez y las limitaciones de conectividad, como también quedó reflejado en la protesta de estudiantes universitarios en La Habana el 9 de marzo.

Lo que está ocurriendo en la capital cubana revela algo más profundo que una simple reacción por los apagones: expresa el agotamiento de una población sometida durante meses a carencias extremas, promesas incumplidas y una vida diaria cada vez más inviable. Los cacerolazos que hoy resuenan en los barrios habaneros son, en el fondo, el sonido de una frustración acumulada que ya no cabe en el silencio.