Durante una comparecencia en el Despacho Oval de la Casa Blanca este 17 de marzo de 2026, el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, dejó clara la postura de la administración de Donald Trump sobre Cuba y rechazó de forma tajante versiones difundidas por medios estadounidenses sobre supuestas negociaciones encaminadas a sostener parcialmente al actual sistema de poder en la Isla.
La rueda de prensa tuvo lugar en el contexto de la visita oficial del primer ministro irlandés Michael Martin, y allí Rubio respondió a preguntas de reporteros junto al presidente Trump. En sus declaraciones, el jefe de la diplomacia estadounidense cargó contra determinados medios y periodistas a los que acusó de difundir “noticias falsas” apoyándose en personas que describió como “charlatanes y mentirosos”, presentados públicamente como fuentes confiables cuando, según dijo, no merecen credibilidad.
Rubio rechaza reporte del New York Times
En sus respuestas, Rubio negó de forma directa el reporte publicado por The New York Times, según el cual la administración Trump habría planteado, como parte de eventuales conversaciones sobre Cuba, la salida de Miguel Díaz-Canel mientras se contemplaba la posibilidad de preservar en el poder a la familia Castro o a la estructura que históricamente ha dominado la Isla.
El secretario de Estado rechazó esa versión y dejó entrever que la posición de Washington no pasa por un simple reajuste de nombres dentro del mismo aparato, sino por una transformación mucho más profunda del sistema político cubano.
“El problema de Cuba es estructural”
Rubio insistió en que la crisis cubana no se resuelve sustituyendo una figura por otra, porque, a su juicio, el problema de fondo no es únicamente quién ocupa formalmente el poder, sino la naturaleza misma del régimen. En ese sentido, sostuvo que Cuba necesita un cambio total de régimen y no un relevo superficial diseñado para dar apariencia de renovación sin alterar el núcleo del control político.
Sus palabras refuerzan una línea de discurso que considera que la permanencia del modelo actual impide cualquier solución real a la crisis económica, social y política que enfrenta el país.
Críticas a las recientes medidas económicas del régimen
Rubio también cuestionó las medidas económicas adoptadas recientemente por el Gobierno cubano, entre ellas la apertura a determinadas formas de inversión por parte de emigrados cubanos. Según expresó, esas decisiones no representan un giro verdadero ni una reforma de alcance suficiente para cambiar la situación del país.
A su juicio, estas medidas son insuficientes y no responden a la profundidad de la crisis que vive la Isla. En ese contexto, afirmó que lo que hace falta en La Habana no son ajustes limitados ni fórmulas controladas desde el mismo poder, sino personas diferentes al mando, capaces de conducir un cambio real.
Un mensaje político claro desde Washington
Las declaraciones de Marco Rubio enviaron una señal política clara sobre la visión que, según expuso, mantiene la actual administración estadounidense respecto a Cuba. Más allá de desmentir reportes de prensa, su intervención buscó marcar distancia con cualquier interpretación que sugiera una transición pactada para conservar intacto el núcleo del poder castrista.
Con ello, Rubio volvió a colocar en el centro del debate la idea de que la crisis cubana no puede separarse del sistema que la ha producido durante décadas. Desde esa óptica, cualquier salida que deje intacta la estructura de mando sería, en esencia, una continuación del mismo problema bajo otro rostro.